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Bares |
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Muchos son los bares que abren sus puertas a las cinco de la madrugada para que los trabajadores del turno de mañana, de las fábricas de la zona, puedan engullir sus carajillos y sus copas antes de comenzar la dura jornada laboral. Y, por descontado, siguen abiertos a medianoche para que los más borrachines tomen sus últimos tragos antes de irse a dormir.
Lo primero que llama la atención de los bares es la clientela, la cual, a diferencia de otros pequeños negocios, permanece en dichos locales durante amplios espacios de tiempo (nadie va todos los días a una zapatería y se queda sentado allí durante horas). ¿Y para qué nos vamos a engañar?, la gran mayoría de los mejores clientes de los bares son borrachos incorregibles y decadentes, que beben una cerveza tras otra y que, en ciertos casos, son adictos a las máquinas tragaperras.
Algunos dueños de bares son educados y saben tratar con corrección a los usuarios; otros, por contra, son unos paletos malhablados (como la mayoría de sus clientes), a los que parece sentarles mal que no se les chille para pedirles una cerveza. También merecen mención especial los que se comportan como nuevos ricos, esos tipos que sirven las consumiciones poniendo cara de oficial de la Gestapo y dejándolas en el extremo más alejado de la mesa. Aunque, dentro de este grupo, también los hay que piensan que el dinero no es lo único en la vida y es por ello que sus pretensiones intelectuales los invitan a entablar conversación, sobre temas que desconocen, con algunos clientes universitarios. No sé cuáles son peores. Pero, cambiando de párrafo, el grupo que más me llama la atención es el de esos dueños, falsos como Judas, que siempre están haciendo bromitas, que se ofenden cuando compruebas el cambio que te han dado y que ríen las gracias de los mismos clientes que critican (a parte de muchas más cosas). Éste es un colectivo que suele hacer muy buenas migas con los usuarios más pelotilleros y arrastrados; individuos, éstos últimos, que sienten una profunda admiración por todo aquel que regenta un bar (tal vez para que algún día sean invitados a un cubata de JB... no sé). Lo digo porque he podido comprobar, en alguna ocasión, como una de estas ratas de taberna se ha ofrecido gratuitamente para repartir folletos de propaganda de la próxima fiesta de la cerveza que se celebrará en el local; cuyos beneficios disfrutará, obviamente, su propietario. Vaya, mucha charla estoy dando, pero se acerca el próximo Barça - R. Madrid y, como no estoy abonado a ninguna televisión de pago, tendré que ir al bar a verlo.
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