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Conocimientos chusqueros |
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:: 21 de diciembre de 2008 Hace algún tiempo
que no lo veo en la tele,
pero recuerdo que un antiguo cantante, presentador ocasional,
polemista,
partidario del canon digital, acérrimo enemigo del pirateo
discográfico,
intermitente detractor de Operación Triunfo y enterado de la vida cuando se
terciaba, para
que no se notara demasiado, aprovechaba la ocasión para criticar la
condición
universitaria de otros. Ya se sabe, dicen que donde más se aprende es
en Un sargento
chusquero era aquel que no
había estudiado en la academia de suboficiales, sino que tenía ese
rango a base
de años de experiencia en el ejército. Y es que son muchos los que
piensan que
eso tendría que ser aplicable a cualquier campo profesional porque
pasar por la
escuela, el instituto y, muy especialmente, por la universidad no vale
de nada. Para demostrar
tal teoría, parte de los
profesionales chusqueros, probablemente tíos que llevan veinte años
haciendo lo
mismo en la misma empresa, acostumbran a criticar a los nuevos; y más
grande
es la
crítica, cuanto mayor sea la formación académica del novato. Un vecino
ya
jubilado me contó que estuvo no sé cuántos años trabajando de
electricista en
una fábrica y que un buen día llegó un joven con estudios de
electricidad, el
cual no tenía ni idea de cómo arreglar las máquinas, entonces fue
cuando él le
dijo: a ver, chaval, no te creas que
porque hayas estudiado vas a saber manejar esto en dos días, quédate
por aquí y
aprende cómo funciona la máquina. Luego añadió que el
académico mancebo le
hizo caso y que vaya que sí aprendió al
cabo de seis meses de duro trabajo. Lo bueno es que otro
vecino, que
también escuchó la conversación, me dijo que mucho hablar, pero que
este pájaro
se pilló un huerto al lado del suyo y que no tenía ni puta idea de
agricultura
(no distinguía una lechuga de una escarola) y él, con mucha paciencia,
le tuvo
que enseñar todo. Es cierto que
alguien que realiza unos estudios
y que, por los motivos que sean, no los lleva a la práctica al cabo de
los años
acaba olvidando gran parte de los conocimientos. Y también es verdad
que es
habitual que la gente
llegue a las
empresas con mucha formación, pero con poca idea de cómo hacer el
trabajo. Sin
embargo, siempre estamos con lo mismo, con la crítica a los novatos.
Imaginemos, sin esforzarnos demasiado, que una empresa quiebra y que,
por
estadística, más de un sabihondo de éstos, al cabo de quince años de
impecable
servicio, tiene que hacer un trabajo parecido al suyo en otro sitio.
¿Acaso ese
chusquerazo debutará en su nueva casa desenvolviéndose tan bien como
los que
llevan allí toda la vida? La cosa va así, un determinado
porcentaje
de los chusqueros piensan que los estudios de FP y los universitarios
no valen
para nada y, cómo no, una parte de los FP dice lo mismo de las
carreras
universitarias. Sin embargo, todos
ellos, aparte de lo que diga la ley, quieren ser operados por un médico
y no
por un tío que lleva trabajando treinta años de ATS; cuando tienen un
problema
legal quieren un buen abogado; si se tienen que sacar una muela, acuden
a un
dentista; y, por descontado, si el insoportable de su hijo tiene
algún
problema de personalidad (aparte de ser un pesado), lo llevan a un
psicólogo y no a
algún
fantasmón titulado en |
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