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Creativos |
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:: 17 de enero de 2009 Los creativos son esos tipos que redactan los guiones de las películas, son los que pintan cuadros, los que dibujan comics, los que escriben novelas, los que componen canciones o los que diseñan esas extrañas esculturas oxidadas que hay a la entrada de algunos pueblos.
Enriquito, consciente como era de poseer
una imaginación privilegiada y al no pertenecer a una familia pudiente
que lo
hubiera iniciado en el piano a los cuatro años, tuvo que esperar a los
tiempos
de instituto para comenzar en serio su carrera creativa. Empezó a hacer
sus
pinitos con dibujos, fotografías, música, teatro, además de ser un gran
cinéfilo. Vamos, que era un tío que cultivaba casi todas las artes.
Cuando te
mostraba uno de sus dibujos se podía apreciar claramente lo mucho que
se le
había subido a la cabeza su incipiente dominio de los lapiceros y de la
goma de
borrar. Eso y cualquier mariconada que le diera por hacer porque,
claro, él se
veía como un artista con proyección internacional, a pesar de que en
aquel
entonces era poco más que un pintamonas arribista que dedicaba parte
del día a
hacer contactos entre el tejido artístico municipal. No sé cuántos años
le duró
la tontería; lo único que sé es que su nombre no aparece en Google.
Quizá
haya triunfado
utilizando algún
pseudónimo, vete a saber. Conocía
de vista a un pintor local, gran
experto manejando la brocha gorda sobre el lienzo. Según me comentaron
era un
tío de carácter flipado y prepotente; un listillo. Se matriculó en
Bellas
Artes, pero dejó la carrera porque, según él, no le enseñaron nada. Y
supongo
que no mentía, puesto que suspendió, una tras otra, todas las
asignaturas
del primer curso. Sin embargo, éste sí que parece que se gana la vida
con la
pintura, no en vano la búsqueda en Google de su nombre produce
múltiples
resultados. Parece ser que sus garabatos le están dando de comer. Lo
que no hicieron estos dos es
exteriorizar todo ese torrente creativo interior haciendo uso de su
vestimenta,
tal y como hacen otras lumbreras del arte. Si un fulano es capaz de
deleitarnos
con la más bella de las canciones o hipnotizarnos con las figuritas de
colores
de un cuadro, tiene que cambiar su atuendo para que los demás, esos
mediocres y
primarios ciudadanos, con sólo verlo, intuyan su enorme talento. Es
bueno
dejarse la melenita, despeinarla, teñirla con colores horteras, usar
gafitas
afeminadas, vestir camisas de cuello mao...
¡Que se note que hay nivel artístico, coño! Tal
vez lo más llamativo del caso es que
una buena parte de los creativos intentan aparentar que son seres
sensibles y
profundos, cuando la realidad es que son vanidosos, interesados, amigos
del
mamoneo y con la opinión de que sus actividades artístico-empresariales
tienen
que estar subvencionadas. Imaginemos qué pasaría si se asociaran. Pues
me da en
la nariz que se dedicarían a sacarle la pasta al contribuyente cada vez
que
entrara en una tienda de informática. |
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