No sé qué es esto

Debates Televisivos


 

Aún se puede disfrutar en televisión de uno de esos debates en los que nadie interrumpe a nadie y en el que todos los invitados son expertos en el tema que se trata. Lamentablemente, al menos para mí, ese tipo de espacio televisivo corre serio peligro de extinción,  porque ya no vende y obviamente pocos van a arriesgarse a emitir algo así en sus cadenas; a no ser que sea a altas horas de la noche, claro está.


El debate del siglo

Para qué andarnos con tonterías, los debates de hoy suelen ser lo más parecido a un circo (y que me perdonen los profesionales de este sector): todo el mundo grita y, no sólo eso, también se interrumpen continuamente unos a otros, que es lo que más me fastidia. Y lo digo porque muchas veces sí que hay alguien que cuenta algo interesante y, como no, el sabihondo de turno no puede quedarse callado y nos deja sin escuchar el argumento de su compañero. Por si fuera poco, hasta el moderador se apunta a la moda de las interrupciones, no sé si  por afán de protagonismo o para que nadie sobrepase el tope cultural del programa; lo cual puede suponer un descenso drástico de la audiencia y que sus superiores automáticamente le peguen una patada en el culo.

Otra cosa que me hace gracia es que no invitan a muchos expertos en la materia tratada y sí a muchos representantes del mundo de la farándula, quienes se codean, si el más mínimo pudor, con la gente entendida en el tema. Y lo bueno del caso es que gran parte de estos famosillos vividores y de los periodistas asistentes (porque también se dejan ver por esos sitios) piensan que los demás nos creemos todas sus patrañas.

Aunque, en la mayoría de casos, es mejor no llevar a nadie medianamente culto al programa, puesto que las cuestiones a tratar son tontas como ellas mismas: ¿Tendrías un amigo gay?, ¿Te ha dejado alguna vez tu novi@?, ¿Te casarías con un extranjer@?....He de confesar, cambiando  de tema, que no soporto ni esa mariconada de la arroba ni  la jerga de los mensajitos: qdamos otro dia xfa.

Al público, por su parte, le gusta aplaudir todo. Tanto le da que sea una tontería o que dos minutos antes haya aclamado a alguien que ha dicho justamente lo contrario. Curiosamente, entre esa borreguil masa humana, a veces aparece algún energúmeno al que le prestan un micrófono y se pone a ladrar un discurso muy radical y polémico, que acaba enfadando a todo el mundo.  Por supuesto, yo nunca he pensado que eso esté preparado, ¿y vosotros?.

 

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14-3-03