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No puede ser cierto que, en la sociedad actual y, después de todo lo que se ha vivido a lo largo de la historia, esté mal visto, por mucha gente, que otras personas reconozcan, abiertamente, que el dinero les importa. ¡Cuánto cabrón!.
Alguna vez he escuchado decir a la típica persona interesada, con todo su morro, que el dinero no tiene importancia para ellos y, para colmo, me lo ha llegado a decir también el típico empresario
buitre que roza lo mafioso. ¿Por qué dicen esas tonterias, acaso creen que nadie sabe cómo son realmente?

Existen aficionados al deporte, en especial al fútbol, que parece que no saben que los deportistas son trabajadores, en muchos casos millonarios, y que, por lo general, no pertenecen a una entidad deportiva por amor a los colores, sino porque cobran. La frase es un mercenario del fútbol, refiriéndose a algún jugador fichado por otro club, es de las más inocentes que he escuchado nunca. Además, no hay que olvidarse que un club deportivo, como cualquier empresa, no tiene ningún problema en deshacerse de un trabajador que le sobra.
Es verdad que existen personas a las que no les importa el dinero, aunque se ven obligadas a tener algo para no morir de hambre. También es cierto que hay otras a las que sí les importa, pero no hacen nada que no sea honrado para conseguirlo. Pero, lamentablemente, un grupo muy numeroso de habitantes del planeta son un hatajo de desgraciados, los cuales, si no son delincuentes poco les falta.

Si, por término general, al pueblo no le importa el dinero: ¿por qué juegan tanto a la lotería y a otros juegos de azar?, ¿acaso es para divertirse?, ¿o, tal vez, es para repartirlo cuando les toque?.
Puede ser que muchos de vosotros estéis en desacuerdo con todo lo escrito arriba, porque penséis que el dinero no importa, si es así, avisadme mediante un mensaje al correo electrónico y os daré un número de cuenta bancaria para que efectuéis un ingreso en la misma, cuanto más generoso sea mejor. Si esta iniciativa tiene mucho éxito, publicaré aquí debajo el número de cuenta.
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