Multitud

Guerra Psicológica


Ojos avizores

La guerra psicológica consiste en asustar al enemigo para reducir sus posibilidades de éxito en el combate. En la vida cotidiana muchos individuos practican con sus semejantes esta noble técnica milenaria. Sin ir más lejos, ¿quién no ha visto al típico funcionario holgazán incomodar con su antipática actitud a los usuarios a los que está obligado a atender?.

¿Cómo te puede dar miedo una calavera cornuda?

Desgraciadamente, hay mucha gente que se ve obligada a desempeñar un empleo que no es de su agrado y parte de los que trabajan cara al público lo pagan con los clientes más educados, a los que consideran tontos e intentan tratar como tales; pero paradójicamente sienten un profundo respeto por los usuarios más quejicosos. De todas formas, no hay que preocuparse demasiado por esos lamentables profesionales del trato personal, puesto que si se ponen chulos, enseñándoles un poco los dientes les entra el miedo en el cuerpo y en un abrir y cerrar de ojos dejan de ser unos perdonavidas. 

En el mundo laboral también se practica mucho la guerra psicológica; hoy en día se le llama "mobbing" o acoso laboral y su fin no es otro que el desgaste psíquico de la víctima, a quien algún patán asalariado quisiera ver fuera de la empresa o, en su defecto, en un cargo más bajo. ¿Pero qué hacen estos modernos vampiros para intimidar a sus compañeros y subordinados?. En mi opinión, lo primordial es crear un ambiente tenso, ya sea armando un drama por cada equivocación de la presa (por muy pequeño que sea el fallo de ésta), ya sea echándole las culpas de errores ajenos, ya sea mandándole lo que ellos no tienen ganas de hacer o ya sea haciendo comentarios personales impertinentes. Hay mil y una técnicas. 

¿También te da miedo?

Todo esto está muy bien, pero la poca gente que haya sido capaz de leerse este artículo hasta aquí se debe preguntar cómo se combate a esta gentuza y, como esto no es ningún consejo personal, voy a dar la recomendación más radical: ser más cabrón que ellos. Con una sonrisa en la boca, con naturalidad y sin venir a cuento,  se les puede decir cosas del estilo: le he regalado un equipo de música a mi madre para su cumpleaños. ¿Cuándo cumple años tu prima la del pueblo, Enrique?... Ay, perdona, no me acordaba que se murió el año pasado.

 

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Antiguo artículo retocado (22-3-03)