Multitud

Motes


 

Mote: nombre que se le da a una persona tomado de sus defectos o de otra circunstancia. También podemos decir: apodo, sobrenombre o alias.

Este humilde texto habla de algunos rasgos propios del indómito mundo de los motes. 


En Matrix también ponían motes,
a éste le llamaban El Elegido

Tipos de motes
El segundo bautismo puede tener lugar por muy diversas causas y presentar diferentes formas. Veamos unas cuantas.

  • Por similitud física o psíquica a un personaje famoso (Natalia la Schwarzenegger).
  • Por el oficio que desempeña o que desearía tener (Paquito Yesero).
  • Por el negocio que regenta (Turbounisex, así llaman al mariquita dueño de la floreciente Peluquería Turbounisex, situada a dos manzanas de mi casa).
  • Por semejanza a un animal o a una cosa (Zorro Plateado).
  • Por parecido a otra persona del barrio que también tiene mote (Falso Oso).
  • Por herencia (me llaman Floripondio, como a mi padre).
  • Irónicos (Pedrito Culturista, aplicado a un tipo enclenque).
  • De uso exclusivo en el ámbito de la pareja (Osito de Peluche).
  • Sobrenombres absurdos que suenan a marginal y parecen sacados del cine quinqui español de los años 80 (Piru, Jemo, Chacu).
  • Motes larguísimos que a su vez pueden contener el apodo de otra persona (El que se fo...aba a la madre del Cangrejo).

Todos le llaman Pajarito, pero él no lo sabe
En la mayoría de casos, la gente no quiere que se la conozca por un sobrenombre.  Y hay veces en las que el individuo rebautizado vive totalmente feliz, pensando que los demás se refieren a él por su verdadero nombre,  cuando los muy cabritos le llaman Pajarito. Pero, como suele pasar a menudo, acaba enterándose porque algún despistadillo, que no conoce la clandestinidad del alias,  termina metiendo la pata diciéndole: ¿cómo va todo, Pajarito?. Por eso, hay días en los que me pregunto si la gente me llama de alguna manera especial y yo, inocente, no sé nada.

Los grandes creadores de motes
Hay sujetos que tienen una notable capacidad para inventar sobrenombres,  rebautizan sin piedad a todos sus amigos y conocidos, eligiendo para ellos los más inverosímiles apodos.  En ocasiones un único individuo es el responsable del cincuenta por ciento de los motes de una masificada clase universitaria.

Cuando alguien se apoda a sí mismo
Varias veces he visto a tipos que se inventan motes para ellos mismos (y no hablo del chat, por si alguien mentalmente ya había hecho la gracia). Al respecto, recuerdo el  caso de un atolondrado compañero de trabajo que quería que le llamaran Michael Jordan, como a su hermano. Aunque los hay que rizan el rizo y apodan a cada una de sus personalidades. Tal es el caso de Sergio, otro antiguo compañero del tajo, quien afirmaba que poseía dos personalidades, una llamada Cura, amable y educada (su estado natural) y otra, cuyo nombre era Bestia Parda, muy agresiva y que se manifestaba cuando tenía que defenderse de agresiones físicas o verbales. Pero este tío iba más lejos, decía que se sentía seguro porque Bestia Parda acaba apareciendo en los momentos más difíciles para defenderlo (supongo que se refería al ataque de una banda de ninjas o al de una banda multicultural de esas que hay ahora).


Sergio me recordaba al reo de 
Las Dos Caras de la Verdad

El curioso fenómeno de la degeneración del mote
No hablo de que un tipejo tenga varios motes (que es algo que pasa a menudo), sino de las deformaciones que sufren las palabras con el paso del tiempo. Recuerdo con nostalgia a un compañero de universidad que decía: pues al gordo ése primero empezamos llamándole Boliche, después Bolinche, después Bolinch, después Bolich y ahora le llamamos Balic.

El caso Gus
Un día me presentaron a un pollo, algo cabezón, llamado Ramón, quien era conocido por el sobrenombre de Gus, el cual hacía referencia al tamaño de su chola (cabeza).  Los inventores del alias un buen día me explicaron su etimología: Ramón es cabezón, los renacuajos son cabezones, los renacuajos se convierten en ranas, hay una rana que se llama Gustavo y de Gustavo, Gus.

10-3-03

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