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Pandillas |
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:: 22 de marzo de 2009 Una pandilla es un grupo de amigos. Pero, como no es muy agradable hablar de las compuestas por chorizos, gallitos y otros maleantes, voy a referirme únicamente a las que proliferan en empresas, asociaciones culturales, gimnasios, tabernas, etc. y están formadas por ciudadanos mucho menos peligrosos y sin cuentas pendientes con la justicia. Una de las cosas más peculiares de cualquier pandilla es su grado de apertura hacia los que no pertenecen al rebaño. Dicho de otra manera: es la diferencia entre dentro y fuera o entre nosotros y los demás. En primer lugar, están las que se muestran abiertas a la inclusión de nuevos miembros. En ellas, que también las hay, sus integrantes son amables y habladores con los recién llegados. Otras, un poco más cerradas, se abren al nuevo si éste es el que hace el esfuerzo de acercamiento al grupo. En el mundo laboral suele pasar que si un novato, al cabo de poco tiempo, no se abre a la manada, enseguida una parte de sus miembros empieza a recelar de él. Por "abrirse" lo que entienden algunos es que se les ría las gracias y se les haga un poco la pelota. Es comprensible, pues, que haya quien no quiera pasar por el aro. Por último, están las cerradas, en las que no se le hace caso al nuevo por mucho que éste se acerque a la cuadrilla. Hay quien es aceptado después de varios meses de intentos fallidos y de recibir la misma atención que la lámpara de un pasillo. Estas minisectas parecen alimentarse de la baja autoestima de algunas personas; no en vano algún primavera me ha llegado a decir cosas como: no hay que pretender que en un sitio te acepten a las primeras de cambio, los del centro excursionista al principio no me hacían caso y yo me hice amigo de ellos a base de ir muchas veces por allí y de acercarme a ellos. No sé que pensará la mayoría de la gente, pero yo creo que hay que estar muy desesperado y ser muy papanatas para pensar de esa manera. Otra constante en los entornos amistosos son los cabecillas, mandamases de poca monta que siempre consiguen que los demás vayan a su ritmo. Son los que deciden la fecha, la hora y el lugar exactos de las cenas, homenajes y excursiones. También son los que tienen las más graciosas ocurrencias... al menos dentro de su círculo de amistad. Por descontado, para que existan estos caciques del ocio y del consumo de cubatas tiene que haber sujetos gregarios, algunos de cierta edad, incapaces de ir a tomarse una cerveza o de elegir unos zapatos sin el arropamiento de sus líderes. Se me ocurren más cosas sobre el mundo de la camaradería dentro de la pandilla, pero lo dejaremos para una segunda reflexión. |
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