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La aparición, hace unos años,
de la televisión privada en España ha aportado muchas cosas.
Veamos.
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Muchos más anuncios: los intermedios son más numerosos y más
largos. Los informativos y los espacios de media hora de
duración se emiten interrumpidos por largos cortes
publicitarios.
El concurso de Miss España, el cual no se celebra cada cuatro
años como las olimpiadas, sino de forma anual.

La alegría en Semana Santa: programación alternativa al Via
Crucis, aunque el resto de opciones, a veces, sean películas sobre
Jesucristo.
Los peores dibujos animados de la historia: Campeones (Oliver y
Benji).
Acoger a algunos famosos en decadencia, cuando ya todos los
teníamos olvidados.
Que Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid, y otros
personajes curiosos tuvieran sus propios programas.

- Que todo el mundo conozca a Van Damme, Steven Seagal y Chuck
Norris.

Muchos reality shows y a todas horas.
Los concursos más raros: Su Media Naranja, Gran Hermano, El Bus,
Supervivientes, Fort Boyard, Uno Para Todas, Lluvia de Estrellas,
etc. Acostumbrados, como estábamos todos, a Un, Dos, Tres,
Responda Otra Vez.

La aparición de noticias tontas en los informativos.

Antes sólo existía un punto de vista sobre las cosas, ahora hay
varios, pero muy parecidos.
Se puede ver la misma película varias veces en poco tiempo.
Poder ver reposiciones de viejas series que fueron éxito en
Televisión Española.
La repetición hasta la extenuación, sin descanso y sin piedad, de algunas
series, como, por ejemplo, el Principe de Bel-Air y Farmacia de
Guardia.

Ver el mismo programa en varios canales a la vez. Ejemplo de ello
son las bodas reales.
Televisión a rayas.

Cambios en la programación sin avisar.
La contraprogramación: algunos programas han aparecido para
hacer la competencia a otros.
La programación oportunista: cuando ocurre alguna desgracia en
el mundo se emiten películas relacionadas con el tema.

Todo programa que no tenga audiencia desaparece al poco de
estrenarse.
La Teletienda: entretenidos espacios publicitarios nocturnos. A
veces son más divertidos que la programación.

Los telemaratones: todo el mundo es bueno una vez al año.
Recuerdo aquella vez en la que, en un maratón antidroga,
invitaron a Paco Pil.
En la televisión
pública, puede ser que algún fanático prohíba, por ejemplo,
los toros, el boxeo, las películas eróticas y todo lo que no le
guste. En la privada no hay nadie tan tonto, saben que la
audiencia es la que manda.
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