|
Viciosos |
![]() |
|
|
|
:: 22 de noviembre de 2008 El moderno
vicioso es un tipo, en
muchos casos casado y con hijos, que no es capaz de estar demasiado
tiempo
fuera del bar, su auténtica casa. Infecto lugar donde se pasa el día
dándole al
alcohol, al tabaco, a las máquinas tragaperras y a las tapitas. Algunos
también
se fuman sus buenos porros, juegan a las cartas apostando dinero y
hacen
periódicas visitas a los puticlubs, a los salones recreativos y al
bingo.
Las estancias de
los viciosos en
los bares son largas y numerosas. Entre semana visitan el bar antes y
después
del trabajo, o lo que es lo mismo, van al tajo colocados y vuelven a
casa
colocados. Al estar tanto tiempo encerrados en la taberna hacen grandes
amigos
dentro de esos muros; todos ellos,
unos
sujetos educados y con enormes inquietudes culturales. Dejarse el dinero
en los
restaurantes y bares-restaurantes también es algo inherente a los
viciosos. La
comida suele ser copiosa y acompañada de un buen vino. Acaban la
comilona con
un gran postre, café o carajillo, copa y puro. Y antes de coger el
coche con el
puntillo, echan unas cuantas monedas en la maquina del bar (porque
siempre
se puede llevar uno un dinero extra). La mayoría de los
viciosos no
pierden el tiempo intentando ligar. ¿Para qué están los puticlubs de la
zona?
Lo más curioso del asunto es que suelen reconocer que han ido, pero
siempre
pronunciando la famosa frase: sí, fui,
pero sólo a tomarme algo. Las
reuniones
familiares de los
fines de semana acostumbran a acabarlas en el interior de los bares, en
invierno,
o en sus terrazas, en verano. Allí mantienen largas charlas con su
mujer y
otros familiares, mientras toman sus cervezas y piden numerosas y
variadas
tapas. A los niños, quienes tal vez continúen con la tradición familiar
en el futuro, los dejan corretear alegremente con sus primos o con sus
amiguitos por las inmediaciones del antro.
Es
muy habitual
que el apolítico
vicioso medio del sur de Europa empiece a tener preocupaciones de
estado cuando
se queda
en el paro. ¿Mande? Sí, mientras tiene dinero para sus cervezas y sus
tapas su
vida es feliz y le da igual todo lo que digan los telediarios, pero
cuando deja
de tener dinero para sus vicios la empieza a tomar
con los politicuchos de turno y a preocuparse por la utilización
que se pueda hacer del dinero público. Cosas de la política. |
![]() |
|
|