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Viejos Cabrones |
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Tacaños, antipáticos, malhablados, pícaros, irascibles... así son parte de "nuestros" ancianos y de los tipos que están entraditos en años (más conocidos estos últimos como "puretas"). Por cierto, todos ellos son los que yo hasta hoy denominaba mentalmente "viejos cabrones".
Hechas las presentaciones, en primer lugar he de decir que el hábitat natural del moderno vejestorio cabrón es amplio y diverso, porque no sólo vive en asilos, también, unos años antes de jubilarse, podemos encontrarlo, por ejemplo, trabajando cara al público en muy diversos sitios. Estos viejos cabrones son fácilmente reconocibles por su cara de perro y su actitud agresiva ante los usuarios, a quienes intentan asustar con su mal genio y su potente voz. Dentro de este grupo, quisiera destacar a ciertos empleados de museos, teatros, cines y otros antros cultural y políticamente correctos por la firmeza que muestran al recriminar cualquier tontería a los clientes; aprovechando para tal efecto el habitual eco del recinto y un académico tratamiento de "usted": ¡la exposición no está abierta aún, vengan el viernes!. También, aunque cada vez menos, son localizables en las pocas empresas privadas que no se han librado de ellos mediante jubilaciones anticipadas, reducciones de plantilla, traslados a Polonia u otras democráticas argucias neoliberales. Estos viejos cabrones suelen ser vagos, mal educados, sabihondos y poco dispuestos a enseñar a los demás (como si a sus años esperaran un ascenso). Con lo que gran parte de sus compañeros están deseando que se retiren de una maldita vez y que, a ser posible, les dé un infarto antes de recibir la primera paga. La metamorfosis
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