04/08/2019

Averías leves

Hay averías que no son importantes porque lo que está estropeado es una parte auxiliar de un sistema complejo. Sin embargo, en numerosas ocasiones, el error sí que afecta al funcionamiento general de una máquina, de un utensilio o de un mecanismo.

En el segundo caso, cuando el desperfecto sigue permitiendo el uso del artilugio, hay quien no lo percibe como una anomalía, sino como un comportamiento peculiar. Las cerraduras de los portales de los edificios o las de los ascensores, debido a su uso intensivo, acaban fallando, pero tardan un tiempo en fastidiarse del todo. Ese período de gracia es ideal para el típico sabihondo, quien, cuando ve a un vecino suyo con las llaves en la mano y con problemas para acceder al interior del inmueble, acostumbra a presumir, directa o indirectamente, de que él sí que conoce el truco. Evidentemente, la tontería no le dura mucho porque, en cuestión de días, cuando ya nadie es capaz de abrir la puerta, es inevitable que un cerrajero tenga que ir a arreglar el estropicio.

Ese optimista razonamiento podría aplicarse cuando uno de estos marisabidillos tenga una lesión que le produzca un intenso dolor en el cuello cada vez que, de una manera algo repentina, le dé por girar su cabeza de chorlito. Se le podría decir que su pescuezo también tiene truco y que además es muy sencillo: si se mueve despacio y con precaución, no duele.


          



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