06/07/2019

Gastosos

No es algo infrecuente conocer personalmente a algún individuo derrochador y ver cómo estrena móvil cada medio año o cómo se gasta todo su sueldo en las dos o tres primeras semanas del mes.

Una buena parte de estos manirrotos acostumbra a incitar al consumo a algunos conocidos suyos, pidiéndoles que cambien de coche, de celular, de reloj o recriminándoles que viajan poco. Los más chulitos incluso llegan a reírse de la gente a la que no le va muy bien la cosa.

Es muy diferente ser rico a comportarse como tal. Un sujeto que, en caso de tener dinero ahorrado, posee una cuenta bancaria con unos dos mil euros, por mucho que se las quiera dar, es pobre de remate. Estar esperando a cobrar la nómina para poder ir al restaurante a comer marisco o, en casos extremos, para comprar detetergente en el supermercado es una práctica muy poco recomendable.

Más de una vez ha pasado que nuestros queridos amigos gastosos dejan de tener ingresos y se arruinan en un suspiro. Es cuando muchos de ellos, empezando por los más arrogantes, piensan que todos los demás tenemos que ser solidarios. Vamos, que nos tienen que dar pena estos campeones de la buena vida.


          



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