26/05/2019

Desorden

Una cosa es cómo, dentro de unos límites, cada uno tenga su domicilio y otra es el estado en que se encuentran determinados espacios públicos y también algunos centros de trabajo.

No tiene demasiado mérito saber que el desorden es más habitual en unos países que en otros. Según en qué parte del mundo te encuentres, puede ser habitual compartir tu jornada laboral con personajes que desarreglan todo a su paso. Son esos individuos que tienen su despacho con papeles hasta en las paredes o esos que, en los talleres, utilizan una herramienta y la dejan en cualquier sitio.

¿Pero tú no sabes que mi desorden es mi orden? Sí, entonces las juergas nocturnas del crapuloso de mi vecino son su recogimiento. Perder veinte minutos buscando un juego de brocas o, en general, no encontrar casi nada a la primera porque todo está hecho unos zorros es algo que, por mucha importancia que le quieran quitar algunos, no deja de ser aberrante.

A veces hay quienes intentan acomplejar a los que los que tienen todo en su espacio de trabajo pulcro y bien colocado, diciéndoles que si lo tienen todo así es porque ahí no hay mucha faena que hacer o incluso afirmando que la gente cuidadosa y metódica es aburrida. No se lo creen ni ellos.


          



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