18/05/2019

Robots

Después de ver varias películas de ciencia ficción y de leer algunas noticias sensacionalistas, no es extraño que haya ciudadanos preocupados porque, en cuestión de diez o quince años, nuestros puestos de trabajo puedan ser cubiertos por robots.

Un robot necesita un contexto para trabajar. Si uno de los que se usan en las cadenas de montaje de automóviles se llevara a una pescadería, enseguida se podría comprobar que no es capaz ni de cortar el pescado ni de servirlo y, por descontado, tampoco entendería las órdenes verbales de los clientes. Evidentemente, están diseñados para unas labores muy específicas y que no tienen nada que ver con las mencionadas.

La gran ventaja que los seres humanos siguen manteniendo sobre todas las máquinas es la capacidad de abstraer. Aparte de eso, hay que tener presente que cualquier aparato no tiene nada de natural, está hecho por personas y por mucho bombo que le den a la inteligencia artificial, de momento, ésta no puede llevar a cabo muchas actividades cotidianas, ni siquiera las que cualquier ceporro puede hacer con los ojos cerrados.

Las tareas repetitivas y tediosas son las más susceptibles de ser automatizadas o incluso robotizadas, pero inquietarse porque, en dos o tres lustros, uno de estos artilugios pueda ejercer de abogado en un juicio por narcotráfico es como si Juan de Austria se hubiera sentido angustiado porque alguien le dijera que el enemigo estaba a punto de conseguir la comunicación por telefonía móvil.


          



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