02/05/2019

Usuarios avanzados

Según lo que he podido ver, hoy en día se da por hecho que los clientes, de manera generalizada, poseen unos conocimientos que les permiten ejecutar una serie de operaciones que antes estaban reservadas a los dependientes de los comercios. Ejemplo de ello son esas gasolineras en las que casi nunca hay nadie y es el usuario el que efectúa el pago en una máquina y, acto seguido, él mismo se sirve el combustible.

He de reconocer que me gustan los sitios en los que uno lo hace todo o casi todo, pero también considero que esa circunstancia tendría que implicar unos precios algo inferiores a los de otros negocios, en los que sí se dispone de personal encargado de esas tareas.

Siguiendo esa filosofía, hay quien se empeña en que gente que no sabe usar ni Internet ni los cajeros automáticos lo aprenda de la noche a la mañana. De hecho, desde hace algunos años, muchos jubilados han visto que algunos trámites, que antes se realizaban en una ventanilla, ahora los tienen que hacer con ayuda de sus hijos o de sus nietos.

Creo que fue unos meses atrás cuando, hasta que di de baja ese tipo de notificaciones, recibí dos o tres mensajes por correo electrónico de un conocido distribuidor en línea. Una de las cosas que recuerdo es que me avisaban de que otro cliente quería saber cuántos bolsillos interiores tenía el modelo de chaqueta que me había comprado poco tiempo antes. ¿Por qué no van ellos al almacén a averiguarlo, en lugar de molestar a los que les pagan? Pues debe ser porque siempre hay alguien que pica.

A este paso, todos estos tipos acabarán pidiendo ayuda a la clientela cuando tengan que instalar unas ventanas de aluminio en alguna de sus oficinas.


          



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