11/04/2020

Documentales faunísticos

Creo que no me equivoco si afirmo que la fauna salvaje es el tema más frecuente en los documentales: leones y otros depredadores de la sabana africana, dragones de Komodo, osos Kodiak, tigres siberianos, zorros de la taiga... No veo a diario este tipo de programas televisivos o de películas, pero sí que lo hago de vez en cuando.

En la mayoría de ellos, sus creadores graban escenas espontáneas obtenidas en la naturaleza; sin embargo, en otros casos aparece un fulano que se dedica a interaccionar con bestias totalmente bravías. Quiero integrarme dentro de ese grupo de orangutanes y que me vean como uno más. Mi opinión es que esa actitud supone una alteración del comportamiento de los animales. ¿Y no lo hacen también los que se dedican a filmarlos? Tal vez, pero es lógico pensar que cuanto menor sea el contacto, menor va a ser su influencia.

La verdad es que me da la impresión de que los que acostumbran a hacer esas cosas se criaron en el centro de Nueva York o en mitad de otra gran ciudad y que, para colmo, sus padres nunca los llevaron al zoo cuando eran unos mocosos. También ignoro qué deben pensar los nativos al comprobar el interés que tienen algunos extranjeros en tocar a los monos de la selva. En Europa, el equivalente podría ser un tío que se dedicara a hozar y a revolcarse en el barro para hacerse amigo de una piara de jabalíes.

Lila está preocupada porque queda una quincena para el comienzo de la estación seca. Conviene aclarar que Lila es una leoparda. Otra constante en muchos documentales es atribuir pensamientos humanos a la fauna local, aunque es curioso que esta técnica narrativa no se emplea para explicar qué piensan algunos animales sobre determinados naturalistas excéntricos.


          



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